Como el cauce
que sale de sí, para volver
a sí mismo.
Peregrinamos.
Tanteando, buscando continuamente nuevas salidas, equivocándose, reafirmando sin cesar lo dado por bueno. Un desarrollo tentacular, aprendiendo a distinguir. Dejando de ver simplemente el mundo de ideas que se sostienen, para contemplar la realidad que se transparenta.
Uno mira y el mundo viene hacia uno.
